Padre
Francis
X.
Murphy,
C.Ss.R.
26
de junio de 1914 - 11 de abril
2002
El
Padre redentorista Francis X. Murphy, especialista en Patrística y prolífico autor
de trabajos científicos y de divulgación, murió el jueves, 11 de abril, en Annapolis,
MD, U.S.A a la edad de 87 años. Si bien sufría de Parkinson desde hacía varios
años, su muerte se debió a una complicación sobrevenida a la intervención
quirúrgica de cáncer a la que poco antes hubo de someterse.
El Padre Murphy fue profesor de Patrística y Misionología en la Academia Alfonsiana desde 1959 a 1971. Su influencia en ella fue muy importante, sobre todo en aquellos primeros años en que el Instituto abordaba su primera y más decisiva etapa académica. No hay que olvidar que su presencia fue muy relevante y grande también su contribución a la Academia Alfonsiana en esos primeros pasos que siguieron a su incorporación a la Pontificia Universidad Lateranense como Instituto de Teología Moral. El Padre Murphy prestó entonces un fuerte apoyo a la Academia en esa etapa francamente delicada de su historia e impulsó de forma destacada el espíritu alfonsiano que hoy la caracteriza. Hay que recordar también que, en sus tiempos, la Academia Alfonsiana alcanzó prestancia oficial y obtuvo reconocimiento público por lo excelente de su calidad académica.
y bajo el seudónimo de Xavier Rynne, el Padre Murphy dio al Concilio Vaticano
II un auténtico impulso a nivel mundial. Cuando corrían los lejanos años 60, era ya un veterano de la prensa católica. A través de sus interesantes reportajes desde Roma, que publicaba la revista “The New Yorker Magazine”, logró hacerse con un público cada vez más amplio y entregado. Dichos artículos fueron posteriormente publicados en forma de libro con el título “Farrar, Straus & Giroux”. En su obra literaria plasmó, desde una perspectiva histórica, sus enormes conocimientos sobre la totalidad de la persona a la que supo dar dimensión y visión políticas. Dicha habilidad le venía, en cierta medida, de su propia y temprana experiencia vivida en el Bronx neoyorquino. Fue allí donde surgió el movimiento internacional bajo una pregunta “¿Quién es Xavier Rynne?” y que inspiró interesantes artículos y reflexiones poéticas en la prensa popular local.
Es sabido cómo el querido Papa Juan XXIII expresó su verdadera intención al convocar el Concilio Vaticano II al referirse agudamente a él como a la “ventana que había que abrir ” para que “entrara aire puro” en la Iglesia. El Padre Murphy no sólo facilitó a la Iglesia esta tarea y una visión del mundo moderno mediante sus reportajes, sino que permitió al mundo moderno ver los entresijos que movían a la Iglesia. Se convirtió en inspirador y punto de referencia de periodistas católicos del mundo entero que informaban a sus respectivas diócesis sobre la Iglesia.
El Padre Joseph Komonchak , de la Universidad Católica de América (CUA) y autor de una Historia en inglés del Concilio Vaticano II en cinco volúmenes, dijo en entrevista telefónica al “The New Yorker Magazinea”: "Los artículos del Padre Murphy producen enorme impacto por el género periodístico que cultivan y son para el mundo católico una experiencia nueva e inédita. Muestran lo vasto de los conocimientos de su autor y tienen un enorme valor teológico”.
Jim O'Neill, antiguo redactor jefe, en Roma, del Servicio de Prensa Católico (el antes “National Catholic News Service”), dijo que la publicación del primero de los artículos de “Xavier Rynne” causó “verdadera sensación y fue como una bomba que conmocionó” en Roma a los obispos de habla inglesa. Por medio de sus ayudantes intentaron encontrar en Via Veneto algún ejemplar de la revista que tanto revuelo había levantado, pero tuvieron, finalmente, que pedirla vía aérea a Estados Unidos. Y es que, añade vía telefónica el Sr. O'Neill, fue sobre todo el primer artículo el que produjo un mayor impacto en el Concilio que, sencillamente, acababa de comenzar. En primer lugar, incitó a los obispos americanos a establecer una oficina de prensa que mantuviera informados a los periodistas y que les permitiera también acceder a un fondo documental.
Si
el Padre Murphy estuvo en el lugar adecuado en el momento oportuno para informar
sobre el Vaticano II, hay que decir, en cambio, que estuvo “en el
peor momento en el lugar menos indicado” cuando obtuvo la “Estrella de Bronce”
durante la meteórica respuesta contra el enemigo armado de Corea. Sirvió entonces,
de 1944 a 1947, como capellán de la Academia Naval americana y,
de 1951 a 1958, en el Ejército USA.
El Padre Murphy “nunca tuvo miedo a conocer las personas”; esto nos decía por teléfono su cohermano, el Padre Francis O'Rourk. El escritor Norman Shaifer, viejo amigo y colaborador de Juan Pablo II, también polaco como él, dijo que el círculo del Padre Murphy se vio ampliado con el conocido feminista Betty Friedan, con el Padre Vincent O'Keefe, antiguo superior general de los Jesuitas, y con Ken Woodward, de la Revista Newsweek.
Su verdadero lugar fue el mundo. Conoció y escribió sobre las Papas Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II. Escribió con la mentalidad propia de su tiempo, pero no limitado por su tiempo. Echó mano de sus grandes conocimientos históricos para abordar con perspectiva histórica la problemática del siglo XX, incluido el problema de la población mundial, de la limitación de la natalidad, o de la perestroika.
Además de enseñante en Roma, fue también profesor adjunto en la cátedra de política de Princeton, en la Universidad Johns Hopkins, y en la “Union Theological Seminary” de Nueva York. Además de los seis libros y 20 artículos que publicó bajo seudónimo, escribió también otros 18 libros y dos monografías, además de un conjunto de artículos anteriores a 1937 sobre su favorito Padre de la Iglesia, S. Jerónimo. En el momento de su muerte trabajaba en una autobiografía.
En una entrevista al “Redemtorist Chronicle”, en 2001, dijo que lo próximo que pensaba hacer era morirse, “pero que eso dependía de Dios,” agregó plácidamente. “Rezo mis oraciones; pero no hago de ellas algo mágico. Saludo a Dios por la mañana y me voy a trabajar”.
El Padre Sabatino Majorano, Presidente de la Academia Alfonsiana, manifestó su grandísimo aprecio por la enorme contribución que supuso el Padre Murphy para la Academia Alfonsiana, para su alumnado, en general, así como para el periodismo y para la Congregación Redentorista, en particular. “Nos sentimos orgullosos de haber tenido como profesor al Padre Murphy en los primeros años de nuestra facultad que continúa y continuará beneficiándose de su legado académico y religioso”.